¿Porqué imágenes con historia?
Porque a veces se nos olvida y parece que estas estan ahí para que volvamos a atinar.
¿Porqué un tema relacionado con sucesos políticos?
Todos somos políticos ya que somos humanos que vivimos en organización constante.
Concretamente:
Diseño de documento hipervinculado (con enlaces-links) con énfasis en la imagen (lo importante)
que aborde el tema con multi-perspectiva (muchas voces) ocupando elementos subjetivos (personales) y
objetivos (registro).
Amablemente:
-Diseñar retícula coherente a la muestra de imágenes. (retícula para fotografía)
-Seleccionar imágenes(del Libro), encontrar archivos mediales (más fotos-videos) y textos.
-Registrar distintas voces (entrevistar, investigar, leer, extractar). Esto quiere decir buscar registros textuales, huicios, sentencias, estadísticas, relatos, entrevistas opiniones que me digan algo de la imagen.
-Categorizar (ordenarla según tipo) estas voces y asignarle un soporte gráfico (una viñeta,
un color, una tipografía, un filete, un recuadro, un marco, etc) interactúen.
-Rotular cada Fotografía con los registros (voces).
-Encontrar vínculos entre las voces, las fotografías y su propio juicio. Luego crearlos y hacer que de forma lógica.
-Mínimo de 20 páginas o ítems de contenidos. Una de ellas deberá ser índice. Es decir mostrar el contenido en su totalidad.
En realidad se trata de un trabajo que tiene libertad ya que se puede tomar desde muchas anclas visuales. Se trata de ordenar impresiones. Se puede hacer una analogía con el tiempo, con el tema, con los rostros y con la música. Lo importante es saber buscar información.
Esta no esta lejos. Casi siempre se encuentra al lado, es contigua y amigable. Puede ser un familiar,
puede ser un amigo, un libro, etc.
INFORMACION RECOPILADA:
Violeta Parra: Ella pintó los pósters sobre su música para la Biblioteca Nacional. Era la primera vez que se aventuraba con la pintura. Arriba, dos de sus arpilleras: €/hombre con guitarra y Cristo en bikini.
Isabel Parra, hija de Violeta, dice que cuando su madre vivía fue poco reconocida por los artistas chilenos. Sus arpilleras “eran miradas en menos”, y muy pocos estaban de acuerdo con que se autodenominara ”creadora plástica”. Arriba, su obra “Fiesta”.
http://www.youtube.com/watch?v=wl-T7q2h_8c
http://www.luisemiliorecabarren.cl/?q=node/897
victor jara
http://www.plataforma.uchile.cl/fg/semestre2/_2002/diseno/modulo3/clase1/texto/afiche.htm
Larrea
Rostros y rastros de un canto.
Este libro reune buena parte de las fotografías que Antonio Larrea Mangiola tomó a los músicos de la Nueva Canción Chilena. Esta muestra de sus archivos incluye fotografías de Víctor Jara, Quilapayún, Rolando Alarcón, Ángel Parra, Los Curacas, Charo Cofré, Dúo Coirón, Huamarí, Los Blops, Combo Xingú, Amerindios, Quelentaro, Inti Illimani, Roberto Parra, Isabel Parra, Margot Loyola y más. Valga la nota, las fotos de Violeta Parra que están en este libro fueron tomadas por Fernando Krahn.
Por Rodrigo Torres Alvarado
- Violeta, usted es poeta, es compositora
y hace tapicería y pintura.Si tuviera
que elegir un solo medio de expresión,
¿cuál escogería?
- Yo elegiría quedarme con la gente.
2Extracto de una entrevista a Violeta Parra en Ginebra en 1965. Parra 1985: 147.
http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-27902004020100003&script=sci_arttext#2
LA PEÑA DE LOS PARRA
Fue allí que nació la primera Peña de Chile y la más importante, centro durante años del movimiento de la Nueva Canción. La gran casa, que fue creciendo como las legendarias casas de la novela latinoamericana, de haber sido un simple taller de artistas varios, se transformó en verdadera academia de la canción y la artesanía. Comenzó con dos pequeñas salas pero con el tiempo tuvo altillo, comedores, parrón, sala de discos y tienda de tejidos, salas de estudio e información. Floreció así una manera de cantar y de enseñar como si se desarrollase con otras perspectivas el arte que hasta ese entonces había estado encerrado pero latente en ella. Porque por ahí pasaron Sergio Castillo, el escultor, con sus fierros y sus fraguas y su metal al rojo. El indio Santos Chávez arrastrando su bohemia callada y generosa, especialmente en el vino y particularmente en la madera de su maravillosa geografía humana de rostros chilenísimos y caballos estelares y lunas mapuches. Y Juan Capra, el pintor y cantor a lo humano y lo divino, actividades que vivía auténticamente en medio de amigos bohemios en aquellas salas olor a trementina donde alguna vez dormí e hice el amor con alguna pintora de la cual ingratamente olvidé el nombre y nunca imaginé que en esas mismas salas, en esa misma casa, comería un día junto a Violeta y el gringo Favre, cantaría junto a Roberto Parra, Payo Grondona, Tito Fernández, me tomaría un vaso de vino con José Agustín Goytisolo y Paco Ibáñez, tendría interminables conversaciones con los Curacas y los Parra, y Víctor Jara me regalaría un sombrero.
Hay quienes pretenden que aquélla no fue una fecha importante. Varios de los que así critican la Peña, ni soñaban en aquél entonces con tomar una guitarra ni menos subirse a un escenario como los Parra lo venían haciendo desde hacía años en forma muy digna. Es verdad que todo lo anterior tiene mucha importancia. Partiendo de Margot Loyola, especial fundadora también, solitaria y tenaz; Violeta y sus descubrimientos y enseñanzas; los conjuntos Cuncumén y Millaray; los programas radiales de René Largo Farías Chile ríe y canta, y de José María Palacios Aún tenemos música, chilenos y la gente menos conocida como las hermanas Caracolito, como doña Rosa Lorca, con lsaías Angulo, como don Críspulo Gándara y tantos otros que nunca conocimos o que estamos empezando a conocer en ciertas recopilaciones que existen y que antes nos eran escamoteadas, etc. Pero la verdad es que el primer elenco de la Peña estuvo formado nada menos que por Isabel, Angel Parra, Rolando Alarcón y Patricio Manns, es decir cuatro de los pilares del movimiento. Muy poco tiempo más tarde se incorporaría un quinto miembro que empezaba como solista luego de dejar el Conjunto Cuncumén: Víctor Jara. Y por ese elenco pasaría más tarde la mayor parte de los solistas de la Nueva Canción: Payo Grondona, Patricio Castillo, Homero Caro, Kiko Alvarez y yo mismo (
Osvaldo "Gitano" Rodríguez).
Más algunos iniciados de aquel entonces y que luego han seguido cantando, a quienes Angel acogía para darles un apoyo necesario; podemos recordar entre ellos a Alejandro Lazo y Alberto Kurapel. Y los conjuntos que allí comenzaron como Voces Andinas, compañeros de Patricio Manns en el Sueño Americano, el conjunto Huamarí de Santiago y Los de la Peña, compañeros de Angel Parra y que luego se transformarían en el grupo Kuracas. Hubo siempre muchos invitados y cualquier noche uno podía toparse con la sorpresa de la presencia de Atahualpa Yupanqui o César Isella, Poni Micharvegas, Marta Contreras o Paco Ibáñez.
Sin duda la gran ausente –en un sentido figurativo– fue Violeta. Ella cantó allí muchas veces. En cierto modo era su casa también, era su obra. Pero ella hubiese merecido un centro tan importante como la Peña de los Parra. No tuvo quién la aconsejara o la ayudase a organizar algo parecido. Esto no es culpa de nadie, ya que sabido es que ayudar o aconsejar a Violeta era más o menos como tratar de amarrar un temporal con cordelitos. Ya hablaremos de La Carpa de la Reina y otras empresas tan locas como inverosímiles. Repito, no se puede culpar a nadie sino a la vida a quien ella, no obstante, le dio gracias poco antes de marcharse para siempre, cerrando violentamente la puerta tras su espalda y dejando el aire que tiembla aún como después del terremoto.
Osvaldo "Gitano" Rodríguez
in Cantores que reflexionan, LAR ediciones. Madrid 1984
http://www.elpimiento.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=11477&Itemid=1
Destrucción de la peña
Gabriel Foppiano Lozano
Al llegar a Carmen lo primero que diviso son muchas cámaras, mucha gente tapando el paso de los autos.
Lo raro y llamativo es que ésta máquina gigante estaba echando abajo, una fachada simbólica para la Cultura de éste País.
Apenas llegue al sitio del suceso, me quedé impactado viendo como se derrumbaba todo, estuve algunos minutos pegado observando como actuaba la máquina y los obreros, recogían las partes de concreto.
Me puse a mirar la gente que había alrededor, y me llamo la atención una pareja de ancianos, que estaba llorando. Como que no quiere la cosa, me acerque con cámara en mano para empezar a registrar esto, y comienzo a escuchar lo que hablaban, y el señor le decía a su esposa “vieja……si aquí estuvimos con victor te acordai cuando nos mostró el Luchin…ésa pos vieja…frágil como un volantín.-…la weá…como lo hechan abajo…que diría la Violeta…que falta de respeto…ni los milícos lo echaron abajo…gobierno de mierda…que falta de respeto para el pueblo…”
Y la Señora solo lloraba desconsoladamente. Esto como se imaginarán me puso la piel de gallina, y me emocioné también.
Mientras seguía viendo el “espectáculo” escuchaba a cabros jóvenes que salían de clases de la U que está la lado, que se preguntaban que pasaba, algunos respondían, “ésta es la Peña de los Parra pos weón” y se quedaban pegados mirando, como queriendo absorber un poco de tanta historia y cultura que pasó por esas paredes, todos susurrando, como en un funeral, como respirando hondo para inhalar un poco de polvo de ésta parte de nuestra historia que aquella máquina destrozaba sin ningún pudor.
Saqué las fotos que mi emoción me dejaron, y que los obreros que destruían me permitían.
Pasado ya varios minutos, me entra el alma de reportero que llevo y comienzo a preguntar el porqué.
Solo veía la fachada destruida, pero el fondo, la casa seguía relativamente en pié, pero toda la hermosa fachada en el suelo.
Y le pregunte a los obreros quien era el jefe. Y me acerqué y le pregunté el porqué, el terreno se vendía, se renovaba el inmueble, que pasaba?.
Hay que decir que la Peña de los Parra hace ya muchos años pasó a la administración del Partido Comunista, y ahí funcionaba desde hace algunos años la Fundación Gladys Marin, la cual tuve la oportunidad de visitar muchas veces, donde se desarrollaba un sin fin de actividades político-culturales de mucho valor.
Le pregunte al Señor mas limpio del grupo, que era el Jefe, y como buen Jefe, llegaba a brillar su ropa de obrero y su caso amarillo, y el muy amable me dice que por el famoso Plan Regulador /si el mismo que quiere echar abajo todo el Santiago Patrimonial) y orden de la Municipalidad se había botado la fachada, solo la fachada.
Resulta, para los que nunca conocieron esa casa ubicada en Carmen 340, que ésa casa había sido construida dejando su parte posterior un poco pasada de la línea límite permitida para construir, por lo que quedaba mas delante de las construcciones vecinas, y bueno, quieren ensanchar Carmen y por lo tanto tienen que expropiar todo lo correspondiente a los límites originales, dentro de los cuales estaba la fachada de Carmen 340.
Esa era la razón, por decreto había sido expropiado esa parte de la casa, y esta siendo destruida para ensanchar la calle Carmen.
Dentro de todo era una razón lógica, los que conocieron esa Casona sabrán que la parte posterior sobresalía por la vereda de calle Carmen, pero dentro de toda lógica donde quedan otras razones?
Yo siempre pensé que esa Casona era Monumento Nacional, y quizás este equivocado, pero ha habido algún lugar en Chile con mas razón de serlo, por la gran cantidad de historia y cultura que ahí se ha desarrollado?, me pregunto y repregunto, no se pudo hacer algo?
Porque nadie supo de esto?, me gustaría que alguien diera una respuesta, tan solo para tranquilizar mi tristeza y rabia, de ver ese monumento destruido, la fachada lo decía todo, ya esas paredes contaban su historia, porqué no se respeta ese tipo de Monumentos, que no tan solo era tangible sino que también con un valor intangible?
Mientras sigo pensando estas cosas, la gente se va retirando, los abuelitos siguen ahí, ya mas calmados, me miran buscando una respuesta, ya que me quedé hasta el final, y los obreros siguen tirando a otro Camión los escombros que suman cada vez mas, y van tapando Calle Carmen.
Saco la última foto desde la esquina, como buscando mejor ángulo, y me voy triste, pensando que ya no veré mas ese portal bello, tan antiguo, y que cada vez que lo cruzaba pensaba, por aquí entro el Victor, por acá la Violeta, Cavour, los Quila, que rabia, que pena.
NO QUEREMOS QUE SIGAN DESTRUYENDO NUESTRO PATRIMONIO..!!!
BASTA YA…!!!
Víctor Jara (1932-1973) | Presentación
Mi canto es una cadena sin comienzo ni final
De origen campesino, hijo de un inquilino y una cantora popular, Víctor Jara se transformó con su muerte el 16 de septiembre de 1973, en un referente de la música chilena y en un testimonio vivo de la creación artística popular.
Luego de deambular por Chillán Viejo y Lonquén, en 1944 llegó a Santiago junto a su familia. Su juventud estuvo marcada por sus estudios de contabilidad, su ingreso al Seminario de la Orden de los Redentores de San Bernardo y su cumplimiento del servicio militar obligatorio. Se incorporó en 1953 al coro de la Universidad de Chile, momento en que inició formalmente su incursión en la música que ya había sido motivada por la labor de interpretación y recopilación folclórica de su madre, Amanda Martínez.
Sin embargo, su primera opción académica fue el teatro. Estudió, entre 1959 y 1961, actuación y dirección en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Durante toda la década de 1960 se consolidó como uno de los mejores directores de la escena chilena, obteniendo numerosos premios y reconocimientos del público y la crítica especializada. Fue, así, uno de los directores teatrales más importantes de su tiempo.
Paralelamente, su labor en la música popular la construyó desde su participación en el grupo Cuncumén, con el que trabajó entre 1957 y 1962. Su creación musical tendió al rescate de la tradición popular y la reivindicación social de las clases desposeídas del país. En este marco, fue director artístico del conjunto Quilapayún (entre 1966 y 1969), colaboró con el conjunto Inti Illimani y fue número estable de la reconocida Peña de los Parra.
Tuvo una fructífera carrera como solista y compositor. Su discografía es una de las más ricas e interesantes de su tiempo. En 1969 obtuvo el triunfo en el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, con su composición “Plegaria a un labrador”, que interpretó acompañado del conjunto Quilapayún. Se transformó, así, en uno de los principales símbolos de este movimiento musical.
Desde 1970 asumió un fuerte compromiso político participando activamente en la campañas electorales de la Unidad Popular y en el gobierno de Salvador Allende. En 1971 ingresó al cuerpo de artistas estables de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado. El 11 de septiembre de 1973 acudió a cumplir sus labores a dicha universidad, donde fue tomado prisionero por tropas del Ejército de Chile, siendo brutalmente torturado y asesinado en el Estadio Chile. Hoy, ese estadio lleva su nombre.
BOITES (V.PARRA)
La primera experiencia profesional de Violeta Parra en el canto no fue solitaria, sino como parte de un dúo folclórico junto a su hermana mayor, Hilda, con el que comenzó a granjearse el prestigio que luego le permitiría continuar como solista. Entre capitalinas quintas de recreo, boites y ferias de los años 40 y 50, Las Hermanas Parra se hicieron escuchar hasta granjearse el seguimiento de un público exigente, pero que supo distinguir al poco tiempo el talento de las dos jovencitas venidas de Chillán, y para quienes el canto nunca dejó de ser un modo de subsistencia.
Su trabajo conjunto fue representativo de la época de gloria del canto folclórico femenino, que durante varias décadas en Chile era, en rigor, el único aceptable. Debían ser mujeres las campesinas que animaran fondas y rodeos, tal como en la ciudad se confiaba en cantantes bien maquilladas para darle categoría de "espectáculo" a cualquier encuentro musical en una quinta de recreo o boite. Al mismo tiempo, Las Hermanas Parra alcanzaron a protagonizar la evolución de ese formato hacia nuevos modos de interpretación, más atrevidos y pícaros.
Muy lejos de la cueca en la que luego se asentarían ambas por separado, sus primeros repertorios solían sostenerse sobre música mexicana; al menos, aquel que elegían para presentarse en los locales con más público, como los bares La Popular y El Tordo Azul, del barrio Matucana, y El Banco, en Franklin. Boites y estudios de radio fueron también escenarios para Hilda y Violeta. En el libro Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950, los investigadores González y Rolle consignan su participación en un espacio de radio Agricultura llamado "Rapsodia Panamericana", presentado en esa ocasión como "Un saludo de la tierra de Méjico". En esa oportunidad, Las Hermanas Parra deleitaron a la audiencia con títulos de Agustín Lara, Pedro Vargas y Jorge Negrete, entre otros.
El fulgor de una noche en el Goyescas
La última boite santiaguina vuelve a brillar en un espectáculo a cargo de músicos, actores e investigadores. Son tres funciones en Santiago.
Durante catorce años, la confitería Goyescas fue el punto de encuentro ideal para los santiaguinos que buscaban animar su vida social con música bien elegida y presentada. Al local ubicado en la esquina sur-poniente de Huérfanos con Estado se iba a tomar té o un trago, pero sobre todo a escuchar y bailar tango, bolero, swing, mambo e, incluso, los primeros ensayos locales de rock'n'roll. Según el musicólogo Juan Pablo González, "es muy difícil encontrar un local chileno donde haya circulado tanta variedad de música y de tan alta calidad".
El cierre, en 1963, de la que se considera la última gran boîte santiaguina, fue la confirmación de que la llegada de la televisión había cambiado para siempre los hábitos locales en torno al baile y audición de música en vivo, e incluso el modo de programar la noche. Y precisamente a ese esplendor ya extinto le rinde tributo "Una noche en el Goyescas", tercer espectáculo sucesivo a cargo del Instituto de Música y la Escuela de Teatro de la Universidad Católica centrado en la música popular chilena de la primera mitad del siglo XX. La misma sociedad había montado antes "Del salón al cabaret" (2002) y "Días de radio en Chile" (2004).
Tras su debut en enero en Talca, "Una noche en el Goyescas" tendrá sus tres únicas funciones capitalinas a contar del próximo jueves en el Centro de Extención de la Universidad Católica (ver recuadro, al final). El montaje reproduce la cena de Año Nuevo de 1960, durante la cual músicos de la Universidad Católica recrean el repertorio y estilo interpretativo de gente como Pepe Lucena, máxima estrella de la música española en Chile; las inmortales Sonia y Myriam; la Orquesta Huambaly; y William Reb and his Rock Kings, el primer grupo chileno de rock'n'roll. El repertorio incluye clásicos de la canción popular chilena y extranjera masificados en las voces de estas estrellas de la época: títulos como "Una pena y un cariño", "Tonadas de Manuel Rodríguez", el chachachá "El bodeguero", "Quémame los ojos" (precioso bolero de Nelson Navarro) y el pasodoble "Corazón de España".
Juan Pablo González, productor e investigador del montaje, cuenta que en el espacio que antes ocupara el Goyescas se encuentra hoy una farmacia que aún conserva la marquesina de la boîte. "Al interior se accedía a través de la primera escalera mecánica que hubo en Chile, al final de la cual te encontrabas con una 'muralla' de peceras de cristal, llenas de peces tropicales muy coloridos. En el salón había unas gigantografías en blanco y negro que reproducían las más famosas pinturas de Goya, por eso el nombre del local. Y el suyo fue el primer escenario mecánico que se conoció aquí: apretando un botón podías ampliarlo a más del doble, lo que permitía la ubicación de grandes orquestas o la presentación de cuerpos de baile".
Hacia fines del año pasado, la preparación de este espectáculo sorprendió a sus realizadores con la noticia del fallecimiento de Humberto Lozán (en octubre) y Myriam von Schrebler (en diciembre), dos voces que iluminaron la historia de la música popular chilena desde sus respectivos puestos en la Orquesta Huambaly y el dúo Sonia y Myriam. Los espectáculos venideros se plantean, por eso, como un tributo a su memoria.
"Una noche en el Goyescas"
Jueves 15, Viernes 16 y Sábado 17 de marzo, 19.30 horas, Centro de Extensión de la Universidad Católica (Alameda 390, Santiago). Entrada liberada.
Con las voces de Francesca Ancarola, Pilar Díaz y Gonzalo Cuadra. Agrupaciones: Jazz Band de la UC, Los Armandos, Palomar y cuerpo de baile Bella Época.
Arreglos musicales: Pedro Mesías. Dramaturgia: Inés Stranger.
Dirección escénica: Miguel Ángel Jiménez. Producción e investigación: Juan Pablo González.
VioletaBOITE
Nació en la ciudad ñublense de San Carlos, el 4 de octubre de 1917, al interior de una familia campesina y musical. Violeta y sus sus ocho hermanos, entre los que figuraron después como cantores populares Hilda, Roberto y Eduardo (más conocido como “Lalo”) terminaron en la capital para cantar cuplés, tonadas y rancheras en bares y quintas de recreo.
Violeta novel
Se casó a los 21 años con el empleado ferroviario Luis Cereceda y de esa unión se proyectan dos nuevos nombres de la música chilena, Isabel y Ángel Parra. Después de cantar magníficos cuplés en la boite Casanova, Violeta Parra se introdujo en el círculo de los folcloristas capitalinos y e hizo sus primeras grabaciones junto a Hilda Parra en un histórico dúo de hermanas cantoras. Para RCA-Victor registró las cuecas "El caleuche" y "Qué rica cena".
De sus viajes iniciáticos al interior campesino llegó a recopilar cerca de tres mil canciones, que luego presentó en los Cantos folclóricos chilenos y Cantos campesinos, que fue editado en París.
Violeta creadora
Al mismo tiempo su propia pluma también fue tomando forma y su cancionero original se pobló de versos. Primero de denuncia sobre las mil caras de la injusticia y después sobre desamores fulminantes. Sus primeras canciones originales fueron grabadas en 1953 para el sello Odeón: "Qué pena siente el alma" y "Casamiento de negros". Más tarde vendrían otras: "Corazón maldito", "¿Qué he sacado con quererte?", "Run Run se fue pa’l norte". Grandes penas de amor.
Desde 1956, después de un viaje a la Unión Soviética, Violeta comenzó a diversificarse como artista. No sólo tendría canciones propias. Ahora también cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras, “las canciones que se pintan”, según sus propias palabras. En 1964, a tres años de haber viajado a París, se convirtió en la primera artista chilena en exponer individualmente en el Museo Louvre.
Violeta impulsora
El acento en la crítica social fue cada vez más tónico. En medio de las convulsiones y levantamientos de los años ‘60 Violeta escribió himnos de combate. "¿Qué dirá el Santo Padre?", "Arauco tiene una pena", "Miren cómo sonríen", “La carta”. Fueron canciones angulares para el advenimiento y la articulación final de la Nueva Canción Chilena. Sus discípulos, sin que ni ella se lo propusiera, fueron los nombres capitales de la música popular moderna: Víctor Jara y Patricio Manns, Rolando Alarcón y Ángel Parra, Isabel Parra y Gitano Rodríguez, Quilapayún e Inti-Illimani.
Ahí aparecen entonces canciones contradictorias. La desolación de "Maldigo del alto cielo" y la luz de de "Gracias a la vida", además de piezas históricas como "El albertío", "La jardinera" y "Volver a los 17". Violeta parra regresó de París en 1965 y vivió sólo dos años más, en la Carpa de La Reina, donde fue encontrada la tarde del 5 de febrero de 1967 tendida sobre su guitarra y un revólver en la mano.
Citas
"La tradición abarca aquellos fenómenos que se manifiestan en la herencia, cultivo y transmisión del cuerpo de una práctica, o modo de hacer algo, en una sociedad. Considero que una tradición musical opera en tres dimensiones: en extensión, a través del área geográfica que ocupa una sociedad; en profundidad, a través del tejido social y en duración, a través de su período de vida" (social). Luis Merino Montero (ex director del Centro de Extensión Artística y Cultural Domingo Santa Cruz de la Universidad de Chile).
Goyescas
Hoy, muchos chilenos ven programas televisivos, llamados de baile, donde se repiten coreografías estereotipadas que se parecen a los bailes más queridos de nuestra historia, como si fueran piezas de museo. Pero no siempre fue así. Antes se escuchaba música en vivo, de todos los estilos, y se bailaba el día entero. Especialmente en los años 50, en el periodo dorado de la música popular en Chile, cuando había una docena de radios con auditorios y orquestas contratadas. Ahí venían a cantar Cuco Sánchez o Miguel Aceves Mejías, que también actuaban en las boites sin techo, las quintas de recreo en la periferia de la ciudad, como El Rosedal o El Rancho Grande. Por supuesto, se presentaban además en las boites el Goyescas, el Violín Gitano, el Tap Room o el Lucerna.
El Goyescas, propiedad de un comerciante italian, cuyo edificio todavía existe en la esquina de Ahumada con Huérfanos, fue el último gran centro nocturno de Santiago. Se bajaba por una escalera mecánica de madera –la primera en su tipo en Chile, heredada del negocio anterior– y después de sacarse el abrigo y pasar el foyer, se entraba en la fantasía al descubrir una pared de acuarios iluminados con peces tropicales. Los pilares estaban forrados en espejos y rodeaban al escenario gigantografías de obras de Goya, como la Maja Vestida y la Maja Desnuda, colgadas del techo.
El panorama en aquellos años coincidía con las funciones de los cines del centro. Se iba a la matiné, para luego tomarse un té con los divertimentos que ofrecía un pianista o un violinista. A la hora del aperitivo, a las siete de la tarde, vinculado con la vermouth, ya se podía empezar a bailar y, después de la cena, pasadas las diez, comenzaba el show.
Bailando sin cesar
En sus trece años de existencia, el Goyescas fue el lugar donde circuló la mayor variedad de música en Chile. Era el templo de la música española en el país y allí cantaba Pepe Lucena, el Talquino Andaluz, estrella en los 40, 50 y 60. Pero también se presentaban las mejores orquestas de tango, traídas desde Buenos Aires, y cantantes como Hugo del Carril, Edmundo Rivero, Aníbal Troilo. Se sumaban los grandes astros del bolero, Lucho Gatica, Sonia y Myriam, Pedro Vargas e incluso Miguel Aceves Mejías, con la canción ranchera mexicana. Para bailar, había música tropical con orquestas cubanas y nacionales, como Ritmo y Juventud, Los Peniques y la Huambaly.
La Huambaly fue la primera orquesta tropical chilena que hizo una gira a Europa, en 1959. Con cuatro saxos, tres trompetas y una sección rítmica, hacían un repertorio diverso, incluyendo bastante swing y foxtrot. Dicen que tocaban 40 composiciones de memoria y de pie.
El show debía terminar con música folclórica: Ester Soré, el dúo Rey-Silva, las hermanas Loyola y la propia Violeta Parra bailando español con su hija Isabel. Además, aquí se presentaron los primeros grupos de rock and roll en Chile e incluso Bill Halley anunció su llegada al Goyescas en el año 58, aunque la postergó y finalmente llegó en 1960 a actuar en otros locales, ya desplazado por Elvis Presley. Pero sí actuaron los grupos pioneros de Valparaíso, por ejemplo, William Reb and his Rock Kings (William Rebolledo y sus Reyes del Rock), y The Tea Time.
No encuentro un lugar en Chile, y me atrevería a decir en América Latina, donde, en un mismo lugar, conviviera una variedad tan grande de música, de tan buen nivel. Siempre hemos sido un público exigente; hemos querido tener un poquito de todas las músicas de la Tierra y los músicos se han debido adaptar para sobrevivir en un mercado tan pequeño.
La música sobrevive en el cuerpo
En la música popular, el producto final pasa por el cuerpo y por la voz del intérprete. Una parte de la creación la pone él, lo que se llama el “grano de su voz”, que se suma a su personalidad, su actitud, su manera de manejar el micrófono, cómo se peina, cómo es su vida... Quizás esto sea así porque la canción no está escrita en partitura y recién cuando se graba, termina de componerse. Por ejemplo, cuando Ester Soré, la Negra Linda, cantaba canciones de Clara Solovera, anunciaban: “Chile Lindo, creación de Ester Soré”.
La moda, en aquella época, era tan importante que los sellos rompían los discos que no se vendían; no creían que fuesen un objeto patrimonial y necesitaban estar lanzando siempre nuevos productos. Sin embargo, desde siempre existió una para-industria: muchas creaciones se siguieron cantando en la casa, en la ducha, en la mente, aunque hubieran pasado de moda. Perduran en el cuerpo.
Tal como las que animaron al Goyescas hasta el 62-63, cuando cerró por falta de público. Las formas de socialización y de vivir la vida nocturna cambiarían muy pronto. La juventud irrumpía como nuevo sector social, se fueron cerrando los auditorios de radios y la televisión capturó a los chilenos en la casa. El Goyescas representó el fin de una época gloriosa de la historia de la música popular, en Chile y el mundo. Después, vendrían las discotecas y la costumbre de bailar al son de un parlante y no de una orquesta.
Juan Pablo González
Musicólogo Instituto Música UC
http://www.chanta.cl/foros/showthread.php?p=456242
“el capitalismo, sobre todo el dependiente, no
avanza eliminando las culturas populares, sino apropiándose de ellas, reestructurándolas, reorganizando el significado y la función de sus objetos (...) Al fin de integrar a las clases populares en el desarrollo capitalista, las clases
dominantes desestructuran las culturas étnicas, de clase y nacionales y las reorganizan en un sistema unificado de producción simbólica, regido poruña lógica mercantil. De esta forma evidenciamos uno de los mecanismos fundamentales de la "Integración desigual. Donde la hegemonía de clase se dota de un capital simbólico superior a las clases subalternas y lucha por mantener y reproducir el orden de las cosas, su capital acumulado y crear las condiciones para acrecentarlo”
García Canclini, Néstor. "Las culturas populares en el capitalismo".
Link victor jara : la peña de los parra
http://www.youtube.com/watch?v=JMSxc8lg6VE
link violeta ksa
http://www.youtube.com/watch?v=ZV_Iy7_u5qI
“Y- según Carmen Luisa Parra- tomando la idea un poco de la escala y de la candelaria, hicieron la Peña”.
Para la inauguración “Pidieron vasos prestados, vino fiado y las mesas y sillas las trajeron algunos amigos de buena voluntad”.
“La peña, es la torre de lanzamiento”.
“Alcemos una muralla juntando las manos, los negros, sus manos negras, los blancos, sus manos. Una muralla que valla desde la playa hasta el monte, desde el monte hasta la playa, allá sobre el horizonte”


